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Woody Allen y su diario de Vicky, Cristina, Barcelona

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Durante el rodaje de Vicky, Cristina, Barcelona, el genial Woody Allen escribió un diario, publicado en The New York Times, titulado por él mismo “Dear Spanish diary…Love, Woody” (Querido diario español…Con cariño, Woody), en el que cuenta, con su particular humor, sus ocurrencias y lo que “supuestamente” pasó durante la realización de su película. No tiene desperdicio.

2 de enero: He recibido una oferta para escribir y dirigir una pelí­cula en Barcelona. Tengo que ser precavido. España es soleada y a mí­ me salen pecas fácilmente. Tampoco es que paguen muy bien, pero mi agente me ha conseguido un décimo de cada 1 por ciento de cualquier cosa que saque la pelí­cula si se consiguen más de 400 millones de dólares después de recuperar la inversión.

No tengo ninguna idea para Barcelona salvo que funcione allí­ la historia de dos judí­os de Nueva Jersey que lanzan una empresa de embalsamamientos por correo.

5 de marzo: Me he reunido con Penélope Cruz y Javier Bardem. Ella es arrebatadora y más sexual de lo que imaginaba. Durante la entrevista, mis pantalones se prendieron fuego. Bardem es uno de esos actores de genialidad desbordante que claramente necesitan mi mano dura.

2 de abril: Le he ofrecido un papel a Scarlett Johansson. Antes de aceptar, me dice que el guión debe ser aprobado por su agente y más adelante por su madre, con quien se lleva bien. Luego tendrá que aprobarlo el agente de su madre. En plena negociación, cambió de agentes… y después cambió de madres. Tiene talento, pero da mucho trabajo.

1 de junio: Llegué a Barcelona. El hotel es de primera Clase. Les han prometido media estrella para el año que viene siempre que instalen agua corriente.

5 de junio: El rodaje comenzó movidito. Rebecca Hall, aunque es joven y por primera vez tiene un papel importante, tiene peor humor de lo que yo habí­a pensado e hizo que me prohibieran entrar en el plató. Trató de hacerle ver que el director tiene que estar presente para dirigir la pelí­cula. Pero por mucho que lo intenté, no logré convencerla y tuve que disfrazarme de repartidor de comida para colarme en el set de rodaje.

15 de junio: por fin el trabajo va por buen camino. He rodado una tórrida escena de amor entre Scarlett y Javier. Hace unos años hubiese interpretado yo su papel. Cuando se lo he dicho a Scarlett, ha soltado un enigmático “uh-huh”. Scarlett llegó tarde al set y le he regañado duramente…, explicándole que no tolero retrasos de mis actores. Ha escuchado con respeto, aunque me ha parecido ver que mientras yo hablaba, ella estaba encendiendo su iPod.

20 de junio: Barcelona es una ciudad maravillosa. Se agolpa la gente en las calles para vernos trabajar. Afortunadamente, se dan cuenta de que no tengo tiempo para firmar autógrafos y sólo se los piden a los actores. Más tarde repartí­ fotos en las que aparezco estrechando la mano de Spiro Agnew y me ofrecí­ a firmarlas, pero la multitud ya se habí­a dispersado.

26 de junio: Rodamos en la obra maestra de Gaudí­, La Sagrada Familia. Estaba pensando que tengo mucho en común con el gran arquitecto español. Los dos desafiamos lo convencional, él con sus diseños sobrecogedores y yo al ponerme un babero para comer langostas en la ducha.

30 de junio: Los “dailies” [visionado del material que se ha rodado cada dí­a] tienen buena pinta y aunque la idea de Javier de rodar una escena completa de invasión marciana con cien extras disfrazados y elaborados platillos volantes no es demasiado buena, voy a rodarla para hacerle feliz y luego cortarla en la sala de montaje.

3 de julio: Scarlett ha venido hoy con una de esas preguntas que hacen los actores. “¿Cuál es mi motivación?”. He dado un respingo: “Tu sueldo”. Dijo que estaba de acuerdo, pero que necesitaba más cantidad de esa motivación para continuar. Como el triple. Si no, amenazaba con largarse. Pensé que era un farol y me largué yo antes. Y entonces se largó ella. Así­ que nos quedamos muy separados y tuve que gritar para que me oyese. Entonces amenazó con saltar. Y yo salté también. Pronto llegamos a un impasse. Y durante el impasse me fui con mis amigos y todos bebimos y, por supuesto, me endosaron la cuenta.

15 de julio: Otra vez he tenido que ayudar a Javier con las escenas de sexo. La secuencia requiere que él agarre a Penélope Cruz, le arranque la ropa y la viole en el dormitorio. Aunque ha ganado un Oscar, el tí­o necesita que le enseñe a interpretar pasión. Agarré a Penélope y le arranqué la ropa de un golpe. Pero el destino quiso que todaví­a no se hubiese puesto el vestuario y que fuese su propio vestido, carí­simo, el que habí­a destrozado. Impertérrito, la coloqué delante de la chimenea y me lancé sobre ella. Como es una pí­cara, se dio la vuelta una décima de segundo antes de que yo aterrizase e hizo que me rompiese un importante diente en el suelo de azulejos. Buen dí­a de trabajo. Podré comer sólidos a partir de agosto.

30 de julio: los “dailies” tienen una pinta genial. No sé si será demasiado pronto para comenzar a hacer publicidad para los Oscar. De todas formas, unas cuantas notas para el discurso de recogida me pueden ahorrar tiempo más adelante.

3 de agosto: Supongo que son gajes del oficio. Como director, uno es en parte profesor, en parte psiquiatra y en parte figura paterna y gurú. No es de extrañar entonces que según avanzan los dí­as Scarlett y Penélope se hayan ido colando por mí­. La fragilidad del corazón femenino. Me di cuenta de que el pobre Javier miraba envidioso cómo las actrices me seducí­an con los ojos, pero le expliqué al chaval que se deberí­a haber esperado el desbocado deseo femenino por una figura cinematográfica, especialmente una que tiene una mirada de desprecio y que se reafirma con frialdad. Mientras tanto, según me acerco al plató cada mañana después de bañarme y perfumarme, entre Scarlett y Penélope se alimenta el arrebato. No me gusta mezclar trabajo con placer, pero quizá tenga que saciar la lujuria de cada una de ellas para poder terminar la película. Puede que me sea posible concederle los miércoles y viernes a Penélope y así satisfacer a Scarlett los martes y los jueves. Como ir aparcando un día a cada lado de la calle. Eso me dejarí­a los lunes para Rebecca, a la que he parado justo a tiempo cuando se iba a tatuar mi nombre en el muslo. Tomaré una copa con las damas del reparto después de rodar y les indicaré estas reglas. Puede que funcione el viejo sistema de cupones de racionamiento.

10 de agosto: He dirigido a Javier en una escena emotiva. He tenido que leer yo sus frases para que supiese cómo decirlas. Si me imita, bien; pero en el momento en que intenta su propia interpretación, se pierde. Entonces solloza y se pregunta cómo sobrevivirá cuando ya no le dirija. Intento explicarle con educación, pero con firmeza que debe hacerlo lo mejor que pueda sin mí­ y que debe intentar recordar mis consejos. Sé que le he animado, porque según salía de su caravana, él y sus amigos se estaban descojonando.

20 de agosto: Por tenerlas contentas, hice el esfuerzo de hacer el amor con Scarlett y Penélope simultáneamente. El menage me dio una gran idea para el clí­max de la pelí­cula. Rebecca no paraba de llamar a la puerta, así­ que al final la dejé entrar a ella también. Sin embargo, las camas españolas son demasiado pequeñas para cuatro personas, así­ que, cuando ella se unió, yo no paraba de caerme al suelo.

25 de agosto: Hoy acaba la producción. La fiesta de fin de rodaje, como siempre, es algo triste. Bailé una lenta con Scarlett. Le rompí­ un dedo del pie. No fue culpa mí­a. Cuando me eché hacia atrás, le pisé. Penélope y Javier están deseosos de trabajar conmigo otra vez. Les dije que si alguna vez se me ocurre un nuevo guión, tratarí­a de buscarlos. Tomé una copa de despedida con Rebecca. Fue un momento sentimental. Se hizo una colecta entre todo el equipo técnico y artí­stico y con ello me compraron un boli. He decidido titular la película “Vicky Cristina Barcelona”. Los jefazos de la productora han visto los “dailies”. Parece que les encanta hasta el último fotograma y se rumorea que la podrí­an estrenar en una colonia de leprosos. Se está solo en la cumbre.

Fuentes: The New Yor Times / Traducción de : Beatriz Maldivia

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Un comentario a “Woody Allen y su diario de Vicky, Cristina, Barcelona”

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